EL DILEMA DEL «PRIMER EMPLEO»: ¿EXPERIENCIA O EXPLOTACIÓN?

¿Tienes experiencia?

Es la pregunta que persigue a miles de jóvenes profesionales. Tras más de 13 años de educación escolar y al menos 4 de formación universitaria, muchos se encuentran con una barrera que no depende enteramente de su esfuerzo.

“2 años de experiencia”, “5 años de experiencia”: requisitos que, lejos de filtrar talento, terminan excluyendo a quienes intentan dar su primer paso en el mundo laboral en República Dominicana. El resultado no es solo desempleo, sino frustración acumulada y una creciente sensación de que el sistema les exige algo que nunca les dio la oportunidad de construir.

Aunque el discurso público suele resaltar la estabilidad del empleo en el país, las cifras cuentan una historia más matizada. En República Dominicana, el desempleo general se mantiene por debajo del 5%, pero entre los jóvenes supera el 11%. Esta diferencia no es menor: evidencia una brecha estructural que afecta principalmente a quienes intentan insertarse por primera vez en el mercado laboral. Lejos de ser un problema individual, la falta de experiencia se convierte así en un filtro sistémico que limita el acceso de nuevos profesionales.

Esta realidad no surge por casualidad. Muchas empresas priorizan candidatos que puedan integrarse sin necesidad de formación adicional, trasladando el costo del aprendizaje al propio aspirante. A esto se suma una débil conexión entre la educación superior y las demandas del mercado laboral, dejando a los egresados con títulos, pero sin la experiencia práctica que se les exige desde el primer día.

Es aquí donde surge otra brecha de oportunidad, pero para las empresas y no para los nuevos jóvenes profesionales.

LA PASANTIA

Una herramienta pensada para que los estudiantes de término puedan adquirir experiencia, normalmente en un periodo de tres o cuatro meses. Sin embargo, hoy está siendo utilizada como una forma de incorporar nuevos “empleados” sin ofrecer un salario digno, escudándose en lo mismo de siempre: la falta de experiencia.

A simple vista, esto puede parecer un intercambio justo. La empresa te da experiencia y tú aportas tu trabajo. Pero en la práctica, lo que se genera es otra cosa: inestabilidad. Un joven que aún está tratando de ubicarse, que sabe que en tres meses tendrá que empezar de nuevo, desde cero, otra vez.

Y es ahí donde el problema se agrava. Porque cuando el talento entiende lo que le espera, muchos optan por buscar oportunidades fuera. Y otros comienzan a cuestionarse si todo este proceso realmente vale la pena.

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